lunes, 10 de noviembre de 2008

El Ojo Crítico: Gigantes con pies de barro. ¿a qué estamos jugando?

Aquellos que pertenecemos al pueblo llano, estamos asistiendo atónitos a esa especie de hecatombe que se ha desatado en el mundo de las corporaciones y que intuimos que de una u otra manera acabará afectándonos.

Ahora parece que todos somos expertos economistas, duchos en macroeconomía. Todos veíamos venir algo parecido, sin embargo nadie hizo nada, es más, todos colaboramos y contribuimos con un sistema que en el fondo estaba podrido. El primer aviso está dado; algo no funciona en un sistema que se basa en sacar lo máximo a cambio de lo mínimo; es insostenible.
El andamiaje del mercado en el que navegamos se está tambaleando, y las fisuras parecen venir de muy adentro. Parece claro; el móvil de las organizaciones del futuro no puede seguir siendo “solamente” ganar dinero año tras año. Es más, me atrevo a decir, que las empresas no se crean para ganar dinero, aunque sea una parte importante. Hay que encontrar nuevos activos igual de valiosos que el enriquecimiento desmedido. Nos encontramos en un momento mucho más delicado de lo que parece y que merece un calificativo más apropiado que el de crisis económica; ¿crisis de identidad socioempresarial?, ¿crisis de madurez una era?, ¿cambio de ciclo?, ¿principio del fin del capitalismo?.

No olvidemos que una empresa no deja de ser un ser vivo, un organismo en evolución. La situación financiera actual es sólo el síntoma de algo mucho más profundo. Que las cuentas no cuadren, es la punta del iceberg. Lo peor que nos podría pasar sería capear esta tormenta y creer que los muebles se han salvado hasta nuevo aviso, cuando en realidad todo apunta a que la enfermedad de nuestras estructuras puede ser crónica y necesitar un trasplante en lugar de parches.
La sociedad y nuestras empresas sufren de males agudos que requieren de una cirugía muy fina. ¿A dónde estamos llevando nuestras empresas? ¿Qué queremos conseguir de ellas? Mucho me temo que todavía son muy pocas las organizaciones que pueden responder que su objetivo final no sea ganar y ganar dinero. ¿A caso hay algo más?

Desde la experiencia de trabajar con decenas de empresas cada año, de todo tipo de sectores empresariales, y de tener la oportunidad de ver el calado humano de cada equipo que comparte jornada con nosotros, hay que reconocer que son muy pocas las que de verdad combinan la necesidad de ser rentables con la búsqueda de algo más. Hemos tenido el placer de convivir con equipos directivos que no se quedan en la necesidad de que sus cuentas sigan siendo atractivas para sus accionistas, sino que van mucho más allá.
Digamos que son organizaciones de nueva generación, no tecnológica, ni financiera, sino de algo mucho más importante y duradero; de valores. Se podría decir, volviendo a las viejas teorías motivacionales de Maslow, que el 90% de las empresas de hoy aun siguen en los escalones inferiores de la pirámide motivacional (en la base) donde pese a tener cubiertas las necesidades primarias de subsistencia (es decir, las que permitan seguir vivos) , se resisten a dar un salto de nivel y encontrar motivaciones adicionales; muy pocos directivos apuntan con seriedad a la cima de la pirámide, y los que lo hacen, coinciden en ser personas excepcionales. ¿Pero cuáles serían esas otras motivaciones ?. ¿Qué más hay aparte de de ganar dinero que pueda motivar a los dirigentes de ciertas organizaciones?

Eh aquí la encrucijada. Eh aquí el misterio Santo Grial. Parece difícil encontrar una respuesta amable que no ofenda a ciertos Directivos y Gerentes que siguen pensando que pertenecen a la estirpe elegida de los Dioses del Olimpo que han sido mandados para dirigir nuestros destinos y que están por encima de cualquier tipo de planteamiento “sensiblón” o ético, incluso del bien y del mal.
Año tras año, a veces mes tras mes, asistimos a la caída de un gigante que sólo se preocupó por crecer a lo alto, a lo grande, y no reparó en que sus pies no eran sólidos.Tal vez convenga recordar la teoría de Darwin y su Evolución de las Especies, en esa lucha donde sólo las más preparadas acaban perviviendo, pasando de generación, mietras que las más torpes, las más débiles, o las que no saber evolucionar, acaban por desaparecer; creo que nuestro mundo empresarial, se haya inmerso en la misma carrera, auque los tiros suenen por otro lado.
Nuestras empresas aun adolecen de una falta de humildad preocupante, que hace que el trabajo sea la causa número 1 de algunas de las pandemias del siglo XXI; el dis-stress, el burn-out, la angustia, la preocupación crónica o el desaliento.
Puede que además de ganar dinero, nuestras empresas tengan que empezar a plantearse que para pervivir, para durar en el tiempo, para ir más allá, para no seguir esclavas del rendimiento económico, han de empezar a aportar algo más de sensatez a la sociedad, han de empezar a compensar los cambios psico-sociales que provocan, han de ser responsables con los efectos negativos que provocan.

Tal vez la empresa de nueva generación sea aquella que provoca la propia evolución del ser humano, en lugar de machacarlo y exprimirlo. Tal vez sea aquella que favorece el desarrollo holístico de la persona, ya que en otros sentido la está desnaturalizando; no hemos venido al mundo sólo para trabajar.

Hemos de empezar a ofrecer productos y servicios sin fecha de caducidad, menos perversos, menos engañosos, más solidarios con la psique humana, más coherentes con los corazones de quienes trabajan hasta caer agotados, más honestos con la vida real, menos avariciosos.
Sólo de esta manera escalaremos posiciones en la pirámide de madurez organizacional, en la que pese a los tremendos avances tecnológicos y financieros, seguimos estando en pañales. Mientras tanto, seguiremos dedicando esfuerzos a la vana tarea de amasar riqueza a cambio de aprovecharse de las necesidades de otros.

Sálvese quien pueda, no puede seguir siendo el Leitmotive de nuestra sociedad empresarial; es necesario un discurso más fresco y armónico con lo que está cayendo ahí fuera.

José Juan Agudo, Director de Programas del Grupo Atman